Cardenio y Luscinda – IV

Pero todo era parte de una trampa para separar a la pareja. El mismo día Fernando envió a Cardenio de regreso a donde su hermano, supuestamente a pagar un dinero por el negocio de unos caballos.

Una vez allí, lo obligaron a quedarse otros ocho días. Entonces Luscinda se las arregló para hacerle llegar una carta donde le contó que su padre le había dado su mano a Fernando y que la boda sería en dos días.

Sin importarle nada, Cardenio regresó y logró encontrarse con Luscinda, quien estaba vestida de novia. Así, ella le prometió darse muerte a sí misma con una daga que llevaba escondida.

Cardenio observó la ceremonia desde una ventana y para su sorpresa, cuando el cura hizo la pregunta, su amada aceptó.

Lleno de dolor se alejó caminando hasta llegar a la Sierra, y siendo incapaz de acabar con su vida, entró en un trance del que no recuerda nada.

Desde: $125.00 / mes por 12 meses

Pero todo era parte de una trampa para separar a la pareja. El mismo día Fernando envió a Cardenio de regreso a donde su hermano, supuestamente a pagar un dinero por el negocio de unos caballos.

Una vez allí, lo obligaron a quedarse otros ocho días. Entonces Luscinda se las arregló para hacerle llegar una carta donde le contó que su padre le había dado su mano a Fernando y que la boda sería en dos días.

Sin importarle nada, Cardenio regresó y logró encontrarse con Luscinda, quien estaba vestida de novia. Así, ella le prometió darse muerte a sí misma con una daga que llevaba escondida.

Cardenio observó la ceremonia desde una ventana y para su sorpresa, cuando el cura hizo la pregunta, su amada aceptó.

Lleno de dolor se alejó caminando hasta llegar a la Sierra, y siendo incapaz de acabar con su vida, entró en un trance del que no recuerda nada.

Pero todo era parte de una trampa para separar a la pareja. El mismo día Fernando envió a Cardenio de regreso a donde su hermano, supuestamente a pagar un dinero por el negocio de unos caballos.

Una vez allí, lo obligaron a quedarse otros ocho días. Entonces Luscinda se las arregló para hacerle llegar una carta donde le contó que su padre le había dado su mano a Fernando y que la boda sería en dos días.

Sin importarle nada, Cardenio regresó y logró encontrarse con Luscinda, quien estaba vestida de novia. Así, ella le prometió darse muerte a sí misma con una daga que llevaba escondida.

Cardenio observó la ceremonia desde una ventana y para su sorpresa, cuando el cura hizo la pregunta, su amada aceptó.

Lleno de dolor se alejó caminando hasta llegar a la Sierra, y siendo incapaz de acabar con su vida, entró en un trance del que no recuerda nada.

Pero todo era parte de una trampa para separar a la pareja. El mismo día Fernando envió a Cardenio de regreso a donde su hermano, supuestamente a pagar un dinero por el negocio de unos caballos.

Una vez allí, lo obligaron a quedarse otros ocho días. Entonces Luscinda se las arregló para hacerle llegar una carta donde le contó que su padre le había dado su mano a Fernando y que la boda sería en dos días.

Sin importarle nada, Cardenio regresó y logró encontrarse con Luscinda, quien estaba vestida de novia. Así, ella le prometió darse muerte a sí misma con una daga que llevaba escondida.

Cardenio observó la ceremonia desde una ventana y para su sorpresa, cuando el cura hizo la pregunta, su amada aceptó.

Lleno de dolor se alejó caminando hasta llegar a la Sierra, y siendo incapaz de acabar con su vida, entró en un trance del que no recuerda nada.

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Pero todo era parte de una trampa para separar a la pareja. El mismo día Fernando envió a Cardenio de regreso a donde su hermano, supuestamente a pagar un dinero por el negocio de unos caballos.

Una vez allí, lo obligaron a quedarse otros ocho días. Entonces Luscinda se las arregló para hacerle llegar una carta donde le contó que su padre le había dado su mano a Fernando y que la boda sería en dos días.

Sin importarle nada, Cardenio regresó y logró encontrarse con Luscinda, quien estaba vestida de novia. Así, ella le prometió darse muerte a sí misma con una daga que llevaba escondida.

Cardenio observó la ceremonia desde una ventana y para su sorpresa, cuando el cura hizo la pregunta, su amada aceptó.

Lleno de dolor se alejó caminando hasta llegar a la Sierra, y siendo incapaz de acabar con su vida, entró en un trance del que no recuerda nada.

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