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La deshonra de Leandra

De repente entre los matorrales apareció una cabra y detrás de ella su pastor, a quien invitaron a sentarse con ellos. El pastor aceptó y como ya era costumbre les contó su historia: se llamaba Eugenio y era de una villa cercana donde vivía una joven bellísima llamada Leandra, de quien él y su amigo Anselmo estaban enamorados. Al pueblo llegó Vicente, un soldado galante y poeta, quien tocaba la guitarra y cantaba, y quien con tantas virtudes, enamoró a Leandra y se fugó con ella una noche. Sin embargo, resultó ser un estafador y a la joven la encontraron días después sola encerrada en una cueva. Lleno de vergüenza el padre de Leandra la envió a un monasterio. Eugenio y Anselmo se internaron en estas tierras convirtiéndose en pastores para olvidarla. Don Quijote insinuó que él podía ir a buscar a la joven para entregársela y que se casara con ella, ante esto, Eugenio le dijo que estaba loco, y de nuevo inició una pelea. Hubo golpes mutuos hasta que el sonido de una trompeta los separó.

Desde: $125.00 / mes por 12 meses

De repente entre los matorrales apareció una cabra y detrás de ella su pastor, a quien invitaron a sentarse con ellos. El pastor aceptó y como ya era costumbre les contó su historia: se llamaba Eugenio y era de una villa cercana donde vivía una joven bellísima llamada Leandra, de quien él y su amigo Anselmo estaban enamorados. Al pueblo llegó Vicente, un soldado galante y poeta, quien tocaba la guitarra y cantaba, y quien con tantas virtudes, enamoró a Leandra y se fugó con ella una noche. Sin embargo, resultó ser un estafador y a la joven la encontraron días después sola encerrada en una cueva. Lleno de vergüenza el padre de Leandra la envió a un monasterio. Eugenio y Anselmo se internaron en estas tierras convirtiéndose en pastores para olvidarla. Don Quijote insinuó que él podía ir a buscar a la joven para entregársela y que se casara con ella, ante esto, Eugenio le dijo que estaba loco, y de nuevo inició una pelea. Hubo golpes mutuos hasta que el sonido de una trompeta los separó.

De repente entre los matorrales apareció una cabra y detrás de ella su pastor, a quien invitaron a sentarse con ellos. El pastor aceptó y como ya era costumbre les contó su historia: se llamaba Eugenio y era de una villa cercana donde vivía una joven bellísima llamada Leandra, de quien él y su amigo Anselmo estaban enamorados. Al pueblo llegó Vicente, un soldado galante y poeta, quien tocaba la guitarra y cantaba, y quien con tantas virtudes, enamoró a Leandra y se fugó con ella una noche. Sin embargo, resultó ser un estafador y a la joven la encontraron días después sola encerrada en una cueva. Lleno de vergüenza el padre de Leandra la envió a un monasterio. Eugenio y Anselmo se internaron en estas tierras convirtiéndose en pastores para olvidarla. Don Quijote insinuó que él podía ir a buscar a la joven para entregársela y que se casara con ella, ante esto, Eugenio le dijo que estaba loco, y de nuevo inició una pelea. Hubo golpes mutuos hasta que el sonido de una trompeta los separó.

De repente entre los matorrales apareció una cabra y detrás de ella su pastor, a quien invitaron a sentarse con ellos. El pastor aceptó y como ya era costumbre les contó su historia: se llamaba Eugenio y era de una villa cercana donde vivía una joven bellísima llamada Leandra, de quien él y su amigo Anselmo estaban enamorados. Al pueblo llegó Vicente, un soldado galante y poeta, quien tocaba la guitarra y cantaba, y quien con tantas virtudes, enamoró a Leandra y se fugó con ella una noche. Sin embargo, resultó ser un estafador y a la joven la encontraron días después sola encerrada en una cueva. Lleno de vergüenza el padre de Leandra la envió a un monasterio. Eugenio y Anselmo se internaron en estas tierras convirtiéndose en pastores para olvidarla. Don Quijote insinuó que él podía ir a buscar a la joven para entregársela y que se casara con ella, ante esto, Eugenio le dijo que estaba loco, y de nuevo inició una pelea. Hubo golpes mutuos hasta que el sonido de una trompeta los separó.

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El encantamiento de la Jaula II

El cura, disfrazado como todos los demás, le dió unas sentidas palabras al caballero de la triste figura, diciéndole que simplemente lo llevaban a encontrarse con su señora Dulcinea y que su escudero lo acompañaría en todo momento. Sancho al ver a su señor encerrado, le tomó una mano y la besó jurándole que iría a su lado. La dueña de la venta, su hija y Maritornes se despidieron llorando de Don Quijote. De esta forma Cardenio y Luscinda regresaban a su casa, Fernando y Dorotea también, y, Zoraida, Ruy, Clara, su padre y Luis se dirigieron a Sevilla. Todos se abrazaron y prometieron volver a verse algún día.

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El cura, disfrazado como todos los demás, le dió unas sentidas palabras al caballero de la triste figura, diciéndole que simplemente lo llevaban a encontrarse con su señora Dulcinea y que su escudero lo acompañaría en todo momento. Sancho al ver a su señor encerrado, le tomó una mano y la besó jurándole que iría a su lado. La dueña de la venta, su hija y Maritornes se despidieron llorando de Don Quijote. De esta forma Cardenio y Luscinda regresaban a su casa, Fernando y Dorotea también, y, Zoraida, Ruy, Clara, su padre y Luis se dirigieron a Sevilla. Todos se abrazaron y prometieron volver a verse algún día.

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El cura, disfrazado como todos los demás, le dió unas sentidas palabras al caballero de la triste figura, diciéndole que simplemente lo llevaban a encontrarse con su señora Dulcinea y que su escudero lo acompañaría en todo momento. Sancho al ver a su señor encerrado, le tomó una mano y la besó jurándole que iría a su lado. La dueña de la venta, su hija y Maritornes se despidieron llorando de Don Quijote. De esta forma Cardenio y Luscinda regresaban a su casa, Fernando y Dorotea también, y, Zoraida, Ruy, Clara, su padre y Luis se dirigieron a Sevilla. Todos se abrazaron y prometieron volver a verse algún día.

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Zoraida

Luscinda le dijo al señor que ellas le estaban ofreciendo dormir juntas, a lo que el hombre que se llamaba Ruy, respondió muy agradecido aceptando la oferta. El hombre le contó que venían del norte de África, desde Argel y aunque ella era musulmana de cuerpo y vestuario, su alma era cristiana y quería ser bautizada. Dorote la invitó a irse con ellas y le preguntó si podía descubrir su cara. El señor tradujo y al ver su rostro notó que era bellísimo. Luego le preguntaron su nombre, a lo que primero respondió Zoraida, y después María.

Desde: $125.00 / mes por 12 meses

Luscinda le dijo al señor que ellas le estaban ofreciendo dormir juntas, a lo que el hombre que se llamaba Ruy, respondió muy agradecido aceptando la oferta. El hombre le contó que venían del norte de África, desde Argel y aunque ella era musulmana de cuerpo y vestuario, su alma era cristiana y quería ser bautizada. Dorote la invitó a irse con ellas y le preguntó si podía descubrir su cara. El señor tradujo y al ver su rostro notó que era bellísimo. Luego le preguntaron su nombre, a lo que primero respondió Zoraida, y después María.

Luscinda le dijo al señor que ellas le estaban ofreciendo dormir juntas, a lo que el hombre que se llamaba Ruy, respondió muy agradecido aceptando la oferta. El hombre le contó que venían del norte de África, desde Argel y aunque ella era musulmana de cuerpo y vestuario, su alma era cristiana y quería ser bautizada. Dorote la invitó a irse con ellas y le preguntó si podía descubrir su cara. El señor tradujo y al ver su rostro notó que era bellísimo. Luego le preguntaron su nombre, a lo que primero respondió Zoraida, y después María.

Luscinda le dijo al señor que ellas le estaban ofreciendo dormir juntas, a lo que el hombre que se llamaba Ruy, respondió muy agradecido aceptando la oferta. El hombre le contó que venían del norte de África, desde Argel y aunque ella era musulmana de cuerpo y vestuario, su alma era cristiana y quería ser bautizada. Dorote la invitó a irse con ellas y le preguntó si podía descubrir su cara. El señor tradujo y al ver su rostro notó que era bellísimo. Luego le preguntaron su nombre, a lo que primero respondió Zoraida, y después María.

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La libertad de la dama

A lo lejos vieron un coche que se acercaba, escoltado por 3 o 4 hombres a caballo, 2 llevaban hábitos -era una mujer transportándose hacia Sevilla- pero a ‘Don Quijote’ le pareció que eran encantadores que llevaban a una princesa cautiva, por lo que atravesandose en el camino dijo:
-”Gente endiablada, liberen a la princesa que llevan o les daré castigo por sus malas obras”.
Ellos, respondieron que no llevaban a nadie cautivo pero don Quijote no les creyó nada y se lanzó contra uno de ellos.

Desde: $125.00 / mes por 12 meses

A lo lejos vieron un coche que se acercaba, escoltado por 3 o 4 hombres a caballo, 2 llevaban hábitos -era una mujer transportándose hacia Sevilla- pero a ‘Don Quijote’ le pareció que eran encantadores que llevaban a una princesa cautiva, por lo que atravesandose en el camino dijo:
-”Gente endiablada, liberen a la princesa que llevan o les daré castigo por sus malas obras”.
Ellos, respondieron que no llevaban a nadie cautivo pero don Quijote no les creyó nada y se lanzó contra uno de ellos.

A lo lejos vieron un coche que se acercaba, escoltado por 3 o 4 hombres a caballo, 2 llevaban hábitos -era una mujer transportándose hacia Sevilla- pero a ‘Don Quijote’ le pareció que eran encantadores que llevaban a una princesa cautiva, por lo que atravesandose en el camino dijo:
-”Gente endiablada, liberen a la princesa que llevan o les daré castigo por sus malas obras”.
Ellos, respondieron que no llevaban a nadie cautivo pero don Quijote no les creyó nada y se lanzó contra uno de ellos.

A lo lejos vieron un coche que se acercaba, escoltado por 3 o 4 hombres a caballo, 2 llevaban hábitos -era una mujer transportándose hacia Sevilla- pero a ‘Don Quijote’ le pareció que eran encantadores que llevaban a una princesa cautiva, por lo que atravesandose en el camino dijo:
-”Gente endiablada, liberen a la princesa que llevan o les daré castigo por sus malas obras”.
Ellos, respondieron que no llevaban a nadie cautivo pero don Quijote no les creyó nada y se lanzó contra uno de ellos.

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Don Quijote y los molinos

Andaron tanto, que estuvieron seguros que no podrían encontrarlos.
Por el camino iban conversando sobre los reinos a conquistar y la isla prometida.
De repente, se hallaron en el campo de Montiel y allí 30 o 40 molinos de viento, que a ‘Don Quijote’ le parecían gigantes, con quiénes batallar. Sancho le insistió que sólo eran molinos de viento, pero Don Quijote diciéndole:
-”Si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración, mientras yo entro con ellos en fiera y desigual batalla.”, se encomendó de corazón a su señora Dulcinea y arremetió a todo galope, le dio una lanzada al aspa y el viento la hizo girar, con tanta furia que levantó al caballo y al caballero que salieron volando por el campo.

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Por el camino iban conversando sobre los reinos a conquistar y la isla prometida.
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-”Si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración, mientras yo entro con ellos en fiera y desigual batalla.”, se encomendó de corazón a su señora Dulcinea y arremetió a todo galope, le dio una lanzada al aspa y el viento la hizo girar, con tanta furia que levantó al caballo y al caballero que salieron volando por el campo.

Andaron tanto, que estuvieron seguros que no podrían encontrarlos.
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De repente, se hallaron en el campo de Montiel y allí 30 o 40 molinos de viento, que a ‘Don Quijote’ le parecían gigantes, con quiénes batallar. Sancho le insistió que sólo eran molinos de viento, pero Don Quijote diciéndole:
-”Si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración, mientras yo entro con ellos en fiera y desigual batalla.”, se encomendó de corazón a su señora Dulcinea y arremetió a todo galope, le dio una lanzada al aspa y el viento la hizo girar, con tanta furia que levantó al caballo y al caballero que salieron volando por el campo.

Andaron tanto, que estuvieron seguros que no podrían encontrarlos.
Por el camino iban conversando sobre los reinos a conquistar y la isla prometida.
De repente, se hallaron en el campo de Montiel y allí 30 o 40 molinos de viento, que a ‘Don Quijote’ le parecían gigantes, con quiénes batallar. Sancho le insistió que sólo eran molinos de viento, pero Don Quijote diciéndole:
-”Si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración, mientras yo entro con ellos en fiera y desigual batalla.”, se encomendó de corazón a su señora Dulcinea y arremetió a todo galope, le dio una lanzada al aspa y el viento la hizo girar, con tanta furia que levantó al caballo y al caballero que salieron volando por el campo.

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Primera lección de justicia

Primera lección de justicia
Salió esa mañana, tan gallardo, con su pecho lleno de orgullo por sentirse, al fin, un verdadero caballero andante. Iba camino a su pueblo.
Escucho una voz que se quejaba y al acercarse, se dió cuenta que era un muchacho ‘Andrés’ de unos 15 años, amarrado a un árbol, que estaba siendo castigado. ‘Don Quijote’ le dijo al labrador que lo estaba azotando:
-”Descortés caballero, mal está hacer esto a quien no puede defenderse” y lo invitó a tomar su lanza y a medirse en batalla. Luego de una conversación, el labrador desató al muchacho y ‘Don Quijote’ le hizo jurar que le pagaría lo que era justo por su trabajo. Por que de no ser así lo encontraría para castigarlo.

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Primera lección de justicia
Salió esa mañana, tan gallardo, con su pecho lleno de orgullo por sentirse, al fin, un verdadero caballero andante. Iba camino a su pueblo.
Escucho una voz que se quejaba y al acercarse, se dió cuenta que era un muchacho ‘Andrés’ de unos 15 años, amarrado a un árbol, que estaba siendo castigado. ‘Don Quijote’ le dijo al labrador que lo estaba azotando:
-”Descortés caballero, mal está hacer esto a quien no puede defenderse” y lo invitó a tomar su lanza y a medirse en batalla. Luego de una conversación, el labrador desató al muchacho y ‘Don Quijote’ le hizo jurar que le pagaría lo que era justo por su trabajo. Por que de no ser así lo encontraría para castigarlo.

Primera lección de justicia
Salió esa mañana, tan gallardo, con su pecho lleno de orgullo por sentirse, al fin, un verdadero caballero andante. Iba camino a su pueblo.
Escucho una voz que se quejaba y al acercarse, se dió cuenta que era un muchacho ‘Andrés’ de unos 15 años, amarrado a un árbol, que estaba siendo castigado. ‘Don Quijote’ le dijo al labrador que lo estaba azotando:
-”Descortés caballero, mal está hacer esto a quien no puede defenderse” y lo invitó a tomar su lanza y a medirse en batalla. Luego de una conversación, el labrador desató al muchacho y ‘Don Quijote’ le hizo jurar que le pagaría lo que era justo por su trabajo. Por que de no ser así lo encontraría para castigarlo.

Primera lección de justicia
Salió esa mañana, tan gallardo, con su pecho lleno de orgullo por sentirse, al fin, un verdadero caballero andante. Iba camino a su pueblo.
Escucho una voz que se quejaba y al acercarse, se dió cuenta que era un muchacho ‘Andrés’ de unos 15 años, amarrado a un árbol, que estaba siendo castigado. ‘Don Quijote’ le dijo al labrador que lo estaba azotando:
-”Descortés caballero, mal está hacer esto a quien no puede defenderse” y lo invitó a tomar su lanza y a medirse en batalla. Luego de una conversación, el labrador desató al muchacho y ‘Don Quijote’ le hizo jurar que le pagaría lo que era justo por su trabajo. Por que de no ser así lo encontraría para castigarlo.

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La primera salida de Don Quijote

Poco tiempo después en un caluroso día de Julio, ‘Don Quijote’ subió sobre Rocinante, tomó su lanza, su armas y salió de su casa antes que llegara la mañana.
Lo asaltó un pensamiento terrible, pues no era armado oficialmente caballero, se propuso entonces pedirselo al primero que se cruzara en su camino.
Iba sobre su corcel hablando sólo en voz alta e imaginando cuántos libros serían escritos en su nombre contando todas sus hazañas.
Entrada la noche, cansado y con hambre vio a lo lejos del camino una posada hacia donde se dirigió.

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Iba sobre su corcel hablando sólo en voz alta e imaginando cuántos libros serían escritos en su nombre contando todas sus hazañas.
Entrada la noche, cansado y con hambre vio a lo lejos del camino una posada hacia donde se dirigió.

Poco tiempo después en un caluroso día de Julio, ‘Don Quijote’ subió sobre Rocinante, tomó su lanza, su armas y salió de su casa antes que llegara la mañana.
Lo asaltó un pensamiento terrible, pues no era armado oficialmente caballero, se propuso entonces pedirselo al primero que se cruzara en su camino.
Iba sobre su corcel hablando sólo en voz alta e imaginando cuántos libros serían escritos en su nombre contando todas sus hazañas.
Entrada la noche, cansado y con hambre vio a lo lejos del camino una posada hacia donde se dirigió.

Poco tiempo después en un caluroso día de Julio, ‘Don Quijote’ subió sobre Rocinante, tomó su lanza, su armas y salió de su casa antes que llegara la mañana.
Lo asaltó un pensamiento terrible, pues no era armado oficialmente caballero, se propuso entonces pedirselo al primero que se cruzara en su camino.
Iba sobre su corcel hablando sólo en voz alta e imaginando cuántos libros serían escritos en su nombre contando todas sus hazañas.
Entrada la noche, cansado y con hambre vio a lo lejos del camino una posada hacia donde se dirigió.

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Alonso Quijano

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, se cuenta la historia de Alonso Quijano, un hombre de alrededor de unos cincuenta años, flaco, madrugador y amigo de la caza, que vivía en su hacienda con un ama de llaves de unos cuarenta años y su sobrina que no llegaba a los veinte.
En sus ratos de ocio gozaba leyendo cuentos de caballería, tenía una biblioteca con más de 300 libros, vendió parte de sus tierras para comprar más y este hobbie lo llevó a tal punto que olvidó la administración de su hacienda.
Por poco dormir y tanta lectura este hombre perdió la cordura, limpió una armadura que era de sus bisabuelos y decidió convertirse en caballero andante.

Desde: $125.00 / mes por 12 meses

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, se cuenta la historia de Alonso Quijano, un hombre de alrededor de unos cincuenta años, flaco, madrugador y amigo de la caza, que vivía en su hacienda con un ama de llaves de unos cuarenta años y su sobrina que no llegaba a los veinte.
En sus ratos de ocio gozaba leyendo cuentos de caballería, tenía una biblioteca con más de 300 libros, vendió parte de sus tierras para comprar más y este hobbie lo llevó a tal punto que olvidó la administración de su hacienda.
Por poco dormir y tanta lectura este hombre perdió la cordura, limpió una armadura que era de sus bisabuelos y decidió convertirse en caballero andante.

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, se cuenta la historia de Alonso Quijano, un hombre de alrededor de unos cincuenta años, flaco, madrugador y amigo de la caza, que vivía en su hacienda con un ama de llaves de unos cuarenta años y su sobrina que no llegaba a los veinte.
En sus ratos de ocio gozaba leyendo cuentos de caballería, tenía una biblioteca con más de 300 libros, vendió parte de sus tierras para comprar más y este hobbie lo llevó a tal punto que olvidó la administración de su hacienda.
Por poco dormir y tanta lectura este hombre perdió la cordura, limpió una armadura que era de sus bisabuelos y decidió convertirse en caballero andante.

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, se cuenta la historia de Alonso Quijano, un hombre de alrededor de unos cincuenta años, flaco, madrugador y amigo de la caza, que vivía en su hacienda con un ama de llaves de unos cuarenta años y su sobrina que no llegaba a los veinte.
En sus ratos de ocio gozaba leyendo cuentos de caballería, tenía una biblioteca con más de 300 libros, vendió parte de sus tierras para comprar más y este hobbie lo llevó a tal punto que olvidó la administración de su hacienda.
Por poco dormir y tanta lectura este hombre perdió la cordura, limpió una armadura que era de sus bisabuelos y decidió convertirse en caballero andante.

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Rocinante

Tomada la decisión de convertirse en caballero andante, lo siguiente era nombrar a su caballo, de hecho tenía uno en su propio establo.
Allí pasó cuatro días pensando cuál sería el nombre adecuado, hasta que finalmente se decidió por ‘Rocinante’ a su parecer alto, sonoro y significativo.

Desde: $125.00 / mes por 12 meses

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Allí pasó cuatro días pensando cuál sería el nombre adecuado, hasta que finalmente se decidió por ‘Rocinante’ a su parecer alto, sonoro y significativo.

Tomada la decisión de convertirse en caballero andante, lo siguiente era nombrar a su caballo, de hecho tenía uno en su propio establo.
Allí pasó cuatro días pensando cuál sería el nombre adecuado, hasta que finalmente se decidió por ‘Rocinante’ a su parecer alto, sonoro y significativo.

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Don Quijote

Ocho días más le tomó pensar en su propio nombre hasta que finalmente escogió ‘Don Quijote de la Mancha’, que a su parecer hacía honor a su linaje y patria.
También porque se inspiró en su libro favorito ‘El Amadís de Gaula’.

Desde: $125.00 / mes por 12 meses

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Ocho días más le tomó pensar en su propio nombre hasta que finalmente escogió ‘Don Quijote de la Mancha’, que a su parecer hacía honor a su linaje y patria.
También porque se inspiró en su libro favorito ‘El Amadís de Gaula’.

Ocho días más le tomó pensar en su propio nombre hasta que finalmente escogió ‘Don Quijote de la Mancha’, que a su parecer hacía honor a su linaje y patria.
También porque se inspiró en su libro favorito ‘El Amadís de Gaula’.

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